sábado, 15 de abril de 2017

Re-construir el lenguaje como punto de partida 


Escribir en contra del capitalismo con el bagaje mental y el vocabulario que se deriva del capitalismo, es perder el tiempo” 
Julio Cortázar – Rayuela
 “…es necesario examinar no sólo la verdad de lo que hablamos sino la verdad del lenguaje en que lo decimos”
 Audre Lorde – La transformación del lenguaje en acción


“Lenguaje: conjunto de señales que dan a entender algo” esta fue la definición que mi viejo diccionario de la RAE arrojó cuando me detuve a pensar dicha palabra. El lenguaje entendido como instrumento, como recurso útil para intercambiar productos pertenecientes al plano de lo abstracto, las ideas y pensamientos. Y con lo abstracto viene la filosofía y la metafísica, la complejidad de un análisis aparentemente interminable cuyas aristas apuntan en múltiples direcciones. Me interesa en este momento analizar cómo la simbología del lenguaje define y delimita el ideario colectivo.

Releyendo fragmentos de la Rayuela de Cortázar me topé con esta afirmación: “Lo único que prueba mi lenguaje es la lentitud de una visión del mundo limitada a lo binario”, y Monique Wittig reapareció en mi cabeza con su propuesta de universalizar el punto de vista de los sectores minoritarios mediante la literatura: “Un texto escrito por un escritor minoritario solo es eficaz si consigue que el punto de vista minoritario se haga universal” afirma, pero ¿Cómo universalizar el punto de vista de un sector minoritario (el de las “minorías sexuales latinoamericanas” por ejemplo) sin utilizar el mismo recurso que aquellos que sostienen el pensamiento hegemónico? ¿De qué instrumento se vale en escriter minoritarie para universalizar una idea, una nueva visión del mundo sino es del lenguaje que conoce? Esta cuestión necesariamente me lleva a pensar ¿Cuál es el punto de vista que las “minorías sexuales” queremos universalizar?

 Definitivamente, este punto de vista necesita destrozar el imperante, destruir las estructuras de pensamiento vigente, desarticular las categorías sexuales que el punto de vista patriarcal impuso, la heterosexualidad entre éstas. No trastocaremos el ideario cultural patriarcal si nos conformamos con incluir palabras a un léxico establecido (lesbiana, bisexual, transexual, trangénero, travesti, queer, pansexual, polisexual…), primero, porque estas categorías reafirman nuestra existencia como lo otro, lo externo; y aunque nos hace reconocibles sexualmente a la vez nos normaliza y sella como lo contingente; segundo, porque seguiríamos fragmentando y delimitando a espacios reducidos la complejidad de lo humano y la sexualidad.

 No sólo no puede bastarnos con anexarle nuevas categorías sexuales al lenguaje hegemónico sino que además no podemos conformarnos con las letras, las palabras, los sufijos y prefijos vigentes. No puede bastarnos un /a al final de cada título (nosotro/as, doctor/a) revolucionaria es la labor de crear nuevas palabras, nuevos conceptos que definan lo inexistente, lo que queda flotando alrededor de las categorías universales, pero pensados desde las diversas maneras y medios en los cuales se vive la sexualidad.



 Re-construir un lenguaje que permita pensar lo que el vigente imposibilita, deslastrado de la imposición totalitarista e imperialista del concepto humano Occidental. Recuperar nuestras lenguas originarias es un punto de partida vital. Recuperar nuestros dialectos y con ellos nuestros modos de vida e idearios para re-articularlos desde el contexto social actual.

Y no intento desestimar la lucha política de los movimientos LGBTI por su reconocimiento, yo misma hago parte del movimiento separatista de Lesbianas del Abya Yala porque creo en la necesidad de reconocernos como sujetas de mecanismos de opresión específicos y creo en la potencialidad del lesbianismo como postura política antipatriarcal, como insurrección al dominio de la masculinidad hegemónica sobre nuestros cuerpos. Más entiendo que este franco de lucha no sería necesario en un contexto social y político donde la diversidad de la humanidad fuese la única norma, he allí nuestro reto.

Sugerencias de lecturas:

Deshacer el género - Judith Butler
Rayuela - Julio Cortázar
El pensamiento heterosexual - Monique Wittig
 Amor y Terror en las palabras - José Manuel Briceño Guerrero

 Betania Vieras
 Valencia- Edo. Carabobo

Feminismo Decolonial: Contextualizar la lucha en Abya Yala




El feminismo como corriente de pensamiento y postura política se inscribe formalmente en la historia entre finales del siglo XIX y principios del XX. Los relatos posicionan al movimiento sufragista como pioneras en la lucha por la emancipación de la mujer y el reconocimiento de ésta como sujeta social subyugada por un sistema que privilegia lo masculino. Desde entonces, las mujeres que hacen parte del movimiento feminista han generado teorías y debates intensos que cuestionan desde las diferencias sociales basada en la condición biológica del sexo hasta las categorías dicotómicas hombre y mujer como ideología que sostiene dichas diferencias. 

 Los contextos sociales específicos que vivimos las mujeres y la manera en que la violencia patriarcal se agudiza cuando confluyen condiciones como raza , clase, orientación e identidad sexual hizo necesaria perspectivas que visibilizaran cómo se engranan los diversos mecanismos de poder ejerciendo dominio sobre nuestras vidas y nuestras cuerpas. Es así como el feminismo adquiere distintos enfoques que las mujeres asumimos según la realidad material que nos rodea.

 El feminismo lésbico o lesbo feminismo surge como corriente separatista dada la invisibilización que sufren las mujeres de identidad lesbiana en los movimientos feministas. El no cuestionamiento de la heterosexualidad como régimen hegemónico de la sexualidad imposibilitaba a las lesbianas exigir se reconocieran sus realidades y posicionar al lesbianismo como mecanismo de rechazo al poder masculino sobre las mujeres. 

En Latinoamérica el lesbofeminismo trabaja por engranar la resistencia de les oprimides a partir de entender cómo se sostienen entre sí los mecanismos de poder del patriarcado, el capitalismo y el neoliberalismo. Contextualizando la teoría lésbico feminista de autoras como Adrianne Rich y Monique Wittig, las lesbianas de Abya Yala la interpretamos desde una cultura resultante de procesos colonizadores, dictaduras, imperialismo y neoliberalismo de donde surge la corriente del feminismo decolonial. 

 Actualmente, luego de treinta años reconocidos de lucha lésbica feminista en el Abya Yala los retos por descolonizar la vida, las cuerpas y los pensamientos se mantienen efervescentes. En una época de embestida del Capitalismo contra los procesos emancipadores en Latinoamérica de las últimas décadas, de políticas neoliberales, militarización, etnocidios y guerras de cuarta generación la lucha lesbofeminista no puede plantearse sino en consonancia con dicho contexto, como una corriente integradora que permee la resistencia política de los pueblos y como propuesta política emancipadora holística. 

 Descolonizar la vida, partiendo del lenguaje mismo; redefinir lo humano, desarticular las estructuras sociales establecidas (por ejemplo el matrimonio y la familia como único nexo filial reconocible) partiendo de reconocer los múltiples modos de vida y qué las hace más habitables más allá de buscar reconocimiento en las categorías Occidentales impuestas son algunos de estos retos. Sublevarse ante el sistema que nos constriñe pasa por negarlo todo, empezando por el absolutismo de la verdad y exige de nosotres reconocernos como seres interdependientes en constante construcción y deconstrucción colectiva. 

Betania Vieras 
Valencia – Edo. Carabobo

Mujer, lesbiana, pobre y tercermundista Mi primer acercamiento al feminismo surgió a partir de la circunscripción en las categorías “...