martes, 27 de junio de 2017

Mujer, lesbiana, pobre y tercermundista




Mi primer acercamiento al feminismo surgió a partir de la circunscripción en las categorías “mujer” y “lesbiana” que socialmente se me atribuye (y que asumo y rehúso estratégicamente). Desde el primer momento, la teoría y discursos del feminismo en torno a la construcción social de les sujetes, la sexualidad y la identidad cautivaron mi interés y me introduje empíricamente en las intrincadas aguas de la teoría feminista y de género. 

Profundizar en la teoría feminista ineludiblemente pasa por conocer las disputas que en este campo se han dado, principalmente a partir de los años 70 en lo que se conoce como la segunda ola del feminismo. Una de estas disyuntivas tiene que ver con la crítica que hacían lesbianas y negras a la identidad homogénea de la categoría mujer, porque abordaba poco a nada temas como el racismo y la heterosexualidad obligatoria como sistemas de opresión. 

De allí surgen corrientes como el lesbo feminismo que plantea una crítica contundente a la heterosexualidad obligatoria y la lesbofobia a lo interno del feminismo; y el feminismo negro que nace articulando raza, género, clase y sexualidad como categorías políticas para explicar las realidades de las mujeres negras, reseña Curiel en su artículo Identidades esencialistas o construcción de identidades políticas (2006).

 Pero estas corrientes por su parte no escaparon de la crítica. La lucha por el reconocimiento de las diferencias y las políticas de identidad son constantemente cuestionadas por ser consideradas como esencialista y separatista, algunos argumentos sostienen que tributa a la categorización de grupos sociales (con respecto al lesbo feminismo principalmente); y a la lógica de oposición, es decir, refuerza la idea de diferencial blanca – negra (en el caso del feminismo negro).

No resulta sencillo posicionarse rotundamente a favor o en contra de cualquiera de estos argumentos ante la inminente oposición que conllevan el patriarcado. Lo cierto es que particularmente vivo en lo cotidiano realidades específicas (acoso callejero, burlas, amenazas, intimidación, denigración, explotación, exclusión de espacios políticos y privación de derechos humanos universales) y estas circunstancias no son producto del azar. Ser oriunda de la Abya Yala postcolonial, tener vulva, amar a otra persona con vulva, negarme a la maternidad y la feminidad son algunas de las razones que las sustentan. Y no es posible pensarme sino desde el espacio que ocupo en la pirámide patriarcal: el de una mujer, lesbiana, pobre y tercermundista, independientemente de que me gusten o no dichas “etiquetas”. 

 Betania Vieras
Betania.vieras20@gmail.com

 Valencia – Edo. Carabobo

jueves, 15 de junio de 2017

SALUD SEXUAL Y REALIDADES LÉSBICAS


SALUD SEXUAL Y REALIDADES LÉSBICAS



Es un hecho que las creencias erróneas infundadas en torno a la sexualidad de las lesbianas siguen vigentes y permean todos los ámbitos de nuestras vidas, afectando peligrosamente a nuestra salud física, sexual y mental. Con respecto a nuestra salud sexual, es muy común pensar que las lesbianas se encuentran a salvo de contraer una enfermedad de transmisión sexual, ya que según el imaginario colectivonosotras no tenemos relaciones sexuales reales. Esto es altamente perjudicial para nosotras porque, primero reafirma nuestra inexistencia para la sociedad y segundo lo más alarmante es que debido a la desinformación y a la falta de campañas formativas muchas suposiciones erradas continúan reproduciéndose por lxs profesionales de la salud y entre las mismas lesbianas.



Basta con ir al ginecólogx; en primer lugar cuando una mujer lesbiana asiste por primera vez a una consulta, se asume inmediatamente que es heterosexual, sin tomarse la molestia de preguntar la orientación sexual de la paciente; y eso es solo el inicio, hay que estar preparada psicológicamente para lo que se viene luego de afirmar ser lesbiana: tensión por parte del/la especialista, maltrato, burlasingenuas, preguntas absurdas, violencia. Entre la experiencia propia y los testimonios de muchas compañeras se puede evidenciar esta realidad. Hace poco la organización Asamblea Lésbica Permanente  en marco del Día Internacional de Acción por  la salud de las mujeres lesbianas,  bisexuales, transexuales a conmemorarse el 28 de mayo, difundieron una campaña en relación a la violencia ginecológica que sufren las mujeres disidentes a través de la recopilación de relatos reales de muchas compañeras, me tomaré el atrevimiento de compartir acá algunas comentarios y acciones que son muy comunes en lxs ginecólogxs: “eres muy linda para ser lesbiana.”, “eres virgen porque lo que haces con otras mujeres es masturbación.”, "No hace falta hacerte los exámenes porque sos como virgen", “aaaah las de tu equipo no tienen que preocuparse.”, “Ah, ¿sos lesbiana? Entonces no vamos a hablar de embarazo y maternidad.”, “que se yo, me tendrías que enseñar un poco. Ustedes para nosotros son enfermas y tienen un trastorno.”, “un ginecólogo varón, de antemano le había dicho que era lesbiana. Me hizo tacto y no se imaginan lo bruto que fue el imbécil.”,



Existen tantos testimonios que es abrumador y preocupante como profesionales de la salud aun conserven tabúes sociales, prestan un servicio basado en la lógica heterosexual y su gríngola mental no les permite abrirse ante las diversas realidades que tienen las mujeres, entre ellas su orientación sexual. Por otra parte las lesbianas tienden a asistir a consultas ginecológicas con menos frecuencia que las mujeres heterosexuales, esto sucede sobre todo por desconocimiento de los riesgos a los que estamos expuestas; aunque parezca increíble estudios han demostrado que las lesbianas tienen grandes factores de riesgos para sufrir cáncer de mama y de cuello uterino y además existen prácticas sexuales tan variadas que el riesgo del contagio de una ETS es completamente real.



Si a lo anteriormente escrito le aunamos que el Estado no está para nada interesado en garantizar nuestros derechos sexuales; nos encontramos en una posición de desventaja, pues bien parece que es tarea nuestra visibilizar nuestras realidades como lesbianas, sujetas a gozar de los derechos fundamentales de todx ser humanx. Por lo tanto, no podemos conformarnos con tener que cortar un condón y hacer una barra de látex - que no nos protege en lo absoluto-, no puede bastarnos con adaptarnos a lo que la sociedad heteropatriarcal nos impone, a soportar maltratos y humillaciones a causa de la ignorancia injustificada; las lesbianas existimos y resistimos, es por eso que esta es una lucha que debemos abrazar para exigir una salud sexual libre, segura y placentera, por la creación de métodos preventivos que nos permitan tener relaciones sexuales sin riesgos de contagios, por el derecho a recibir una información y asistencia ginecológica que no ignore nuestras realidades. Nadie demandará lo que no padece, es así como queda en nuestras manos hacer el trabajo de visibilización, formación y sensibilización. Y finalizo con esta frase que me parece muy oportuna de la compañera Maite Amaya "La militancia es hacernos cargo. Es reconocernos como sujetas políticas e históricas. Ese es nuestro rol."



Referencias:



Asamblea Lésbica Permanente:




ILGA: Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex:



http://old.ilga.org/health/ILGA_Lesbians_Health_Myths_Realities_SPA.pdf



Virginia Elvira Becerra

lacucanostra@gmail.com

Mujer, lesbiana, pobre y tercermundista Mi primer acercamiento al feminismo surgió a partir de la circunscripción en las categorías “...