martes, 21 de febrero de 2017

Reflexiones sobre la teoría feminista de Monique Wittig

Reflexiones sobre la teoría feminista de Monique Wittig

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Tuve la oportunidad recientemente de leer y analizar el compendio de ensayos de la teórica feminista francesa Monique Wittig: El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Esta serie de textos escritos en la segunda mitad del siglo XX, representa uno de los aportes esenciales para una militancia lésbica más allá del lesbianismo como orientación sexual, que mantiene plena vigencia y sentido insurrecto. Con la Frase “las lesbianas no somos mujeres”, con que Monique cierra la lectura de El pensamiento heterosexual en Nueva York en la Modem Language Association Convention, 1978 , abre camino a la revisión teórico-filosófica de las categorías “hombre”, “mujer” y “heterosexualidad” nunca antes planteado por las feministas contemporáneas.

 Con este enunciado además, el lesbianismo radical cobra fuerza y la lucha feminista antes propuesta desde el punto de vista “femenino”, se ve obligada a una revisión que profundiza hasta las raíces la opresión que vivimos las mujeres. Según Wittig “hombre y mujer son conceptos políticos de oposición” que se sostienen en la heterosexual como un contrato social; es decir, hombre y mujer no son sino categorías impuestas por una sociedad específica (la sociedad patriarcal), basadas en una supuesta distinción natural de sexo, que se mantiene mediante la imposición de la heterosexualidad como una norma social.

 La sujeta “mujer” para Wittig como para Simone de Beauvoir (en el libro El Segundo Sexo, 1949) no nace, se construye socialmente. Monique profundiza desde un enfoque materialista al respecto y sostiene que las mujeres al igual que el proletariado representan una clase social, que esta separación de mujeres y hombres es política y que la existencia de las lesbianas representa una insurrección: “Las lesbianas somos desertoras de nuestra clase, así como lo eran los esclavos americanos fugitivos cuando se escapaban de la esclavitud y se volvían libres”. Entendernos como sujetas transgresoras del sistema opresor nos permite ubicar en nuestra manera de amar un bastión de lucha contra toda forma de opresión y a su vez, nos llama a desarmar dicho sistema mediante la deconstrucción de las categorías impuestas.

 El aporte de Wittig no puede ubicarse en un campo específico dado que su trabajo atraviesa en igual medida la filosofía, la política y la literatura. En el ensayo El punto de vista: ¿Universal o particular? La teórica cuestiona la existencia de una “escritura femenina” dado que para ella “...es la metáfora naturalista del hecho político brutal de la dominación de las mujeres y como tal alimenta el aparato con el que avanza la feminidad”. Hablar de una escritura femenina, como de fútbol femenino conlleva legitimar la clase de las mujeres y coloca una etiqueta a su producción y sus acciones como diferentes, como lo otro; mientras que lo masculino se reafirma como lo general, lo central. Esta separación carga consigo una serie de implicaciones negativas hacia las mujeres porque avala la diferencia y por tanto la división de roles (productivos y reproductivos), patrones de conducta (masculinidad y feminidad) y espacios (público y privado) que mantiene la desigualdad de la que somos sujetas. Lo que echa por tierra los argumentos de una lucha feminista esencialista, es decir, depone la idea de la existencia de una “esencia” femenina. 

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   De allí la necesidad de deshacernos de la etiqueta “femenina” para ir dando pasos hacia la destrucción de la oposición hombre-mujer. La producción literaria es una herramienta para crear nuevas subjetividades y desmontar las imposiciones políticas que mantienen al patriarcado (machismo). Es por esto que más adelante, Monique en su ensayo El caballo de Troya expone la necesidad de una producción literaria con miras a universalizar nuestro punto de vista:“Toda obra con nueva forma funciona como una máquina de guerra, pues su intención y su objetivo son destruir las viejas formas y las reglas convencionales”a lo que agrega, “El intento de universalización del punto de vista es lo que determina que una obra literaria llegue a transformarse o no en una máquina de guerra”. Este último planteamiento representa un reto para nosotras, el de la creación. 

Se hace urgente dedicarnos a la producción innovadora que le brinde a la sociedad nuevas perspectivas de la realidad y de lo humano. Solo cuando logremos hacer universal una nueva conciencia del mundo el patriarcado y todo sistema opresor desaparecerá, y las mujeres y todas las clases oprimidas dejaremos de serlo. Sirva pues el trabajo de Monique Wittig para profundizar en la teoría feminista y como punto de partida para crear la conciencia revolucionaria que lxs excluidxs y explotadxs anhelamos. Los espacios para llevar nuestra voz a los pueblos son cada vez más. Debemos apropiarnos de ellos para difundirnos y hacernos escuchar, no como víctimas sino como insurrectas. Entendiendo la necesidad de ir a la raíz del problema, las bases que sostiene al sistema para destruirlo sin posibilidad de retorno. 


 Betania Vieras

domingo, 12 de febrero de 2017

DESCOLONIZACIÓN: UNA FORMA PARA DERROCAR LA HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA


 



DESCOLONIZACIÓN: UNA FORMA  
PARA DERROCAR

LA HETEROSEXUALIDAD OBLIGATORIA






Si antes de la llegada de los colonizadores existían civilizaciones con algunas costumbres de corte patriarcal por ejemplo el establecimiento de estructuras de claras diferencias entre lo masculino y lo femenino o demostrar la masculinidad del hombre a través de extenuantes y dolorosos sacrificios o pruebas; este sistema se asentó con mucha más fuerza al empezar ese triste proceso de reestructuración del sistema social y político ya existente en nuestros pueblos, es decir la colonización. 


Se ha determinado a partir de numerosas investigaciones que en el Abya Yala (nombre originario de nuestro continente) también existían otros grupos donde las prácticas homoeróticas 
formaban parte de la cultura ancestral y que incluso se reconocían más de dos géneros el cual no era visto con rechazo sino con cierto respeto y admiración, de hecho no se manejaban categorías que apremiasen desigualdad entre cualquiera de los géneros. Se afirma que algunos pueblos indígenas como los Waraos de Venezuela, los Cuna de Panamá, los Javaés de Brasil, el mundo Inca precolombino, entre otros ejecutaban prácticas transgenéricas, casamientos entre personas del mismo sexo y otras formas de expresión de género bloqueadas por el pensamiento colonial.


Con la colonización se establecieron las jerarquías de género, quedando las mujeres subordinadas a la idea de “mujer” y de “femenino” que se tenía en occidente; siendo dicha subordinación según Mogrovejo el precio que los hombres colonizados trazaron para conservar cierto control sobre sus sociedades. Esta es la transacción de los hombres colonizados con los colonizadores... de igual forma lo hicieron a través de la imposición de la heterosexualidad obligatoria, lo que conocemos como heteronorma.

Se dice que la heterosexualidad como una norma, por lo tanto obligatoria, la impuso el colonizador para instaurar esos cambios necesarios que en consecuencia permitieran la constitución y perpetuación del sistema capitalista y el patriarcal. Como lo explica Monique Wittig en su ensayo "El pensamiento heterosexual", la heterosexualidad "se entrega a una interpretación totalizadora a la vez de la historia, de la realidad social, de la cultura, del lenguaje (...) el carácter opresivo que reviste el pensamiento heterosexual en su tendencia a universalizar inmediatamente su producción de conceptos, a formular leyes generales que valen para todas las sociedades, todas las épocas, todos los individuos." Por lo tanto resultaba  fundamental para el colonizador instaurar sociedades y culturas que comulgaran con la heterosexualidad pues era imposible pensar en una sociedad donde la heterosexualidad no condicionara no sólo las relaciones humanas, sino también de producción.


Durante la colonia los colonizados que no cumplían con la norma, eran perseguidos por medio del suplicio de arrepentimiento terminando devorados por perros hambrientos como castigo que se le imponía a los homosexuales, lesbianas y mujeres que se resistían a la violación y en esto; sin duda alguna, tenía mucho que ver la religión, donde sus representantes denunciaban con horror las relaciones homosexuales y lésbicas, tildándoles de sodomitas, inmorales y pecadores.


¿Se parecerá esto a las conductas, opiniones y estrategias utilizadas hoy día por muchos sectores religiosos y sociales para promover la homofobia,la heterosexualidad obligatoria y la misoginia? Esta interrogante nos hace reflexionar con respecto a lo tan colonizado que está el pensamiento de las mentes de nuestro continente, en especial de nuestro país y cómo hoy en día se sigue repitiendo con injusta determinación esa persecución y acoso en contra de la sexodiversidad que en antaño promovieron los colonizadores.

Propongo como única salida posible la decolonización irreductible de nuestras practicas, costumbres y sobre todo de nuestro pensamiento.



Lectura recomendada: Epistemología del sur. Visiones sobre los orígenes de la violencia Patriarcal y la

heterosexualidad obligatoria. Una discusión desde el Abya Yala. Norma Mogrovejo.



Virginia Becerra


Mujer, lesbiana, pobre y tercermundista Mi primer acercamiento al feminismo surgió a partir de la circunscripción en las categorías “...